¿Qué es la obsolescencia?


---Esta sección está siendo revisada---

La «Obsolescencia Programada»1 es la reducción deliberada de la vida útil de un producto para aumentar su frecuencia de reemplazo.

El origen de la OP puede relacionarse fácilmente con el Fordismo2, que supuso el aumento de la productividad y la reducción de los costes de producción, hecho que permitió que por primera vez los empleados tuvieran suficiente poder adquisitivo como para poder adquirir los productos de la empresa para la cual trabajaban. Eran los felices años 20: producción en masa y consumo por diversión.

En 1928, Printer's ink (una revista de publicidad) advertía que «Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios». No obstante, esta práctica nació oficialmente en 1932 como propuesta de Bernard London3 (inversor inmobiliario) para paliar los efectos de la Gran Depresión y reactivar el consumo. Aún así, la expresión «Obsolescencia Programada» no se popularizó hasta 1954 cuando Brooks Stevens (diseñador industrial americano) la usó para dar título a una conferencia de publicidad. En sus palabras, la obsolescencia es «instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario».

La OP es un concepto más amplio de lo que parece, que ha ido evolucionando e incluye distintas prácticas. En los años 60, Vance Packard (crítico cultural) diferenciaba la obsolescencia de diseño y la del deseo, psicológica, también llamada obsolescencia percivida. En el primer caso, el empresario diseña y fabrica el producto para que se estropee; en el segundo, persuade al comprador de que adquiera uno nuevo. La moda es un claro ejemplo: valiéndose del marketing, empuja al usuario a adquirir un nuevo producto sin que el vigente haya perdido funcionalidad alguna.

Aunque más allá de la clasificación anterior hay otros casos más sutiles, como la llamada obsolescencia sistémica, que consiste en lanzar nuevos productos incompatibles con los que ya existen, de modo que resulta incómodo usar los antiguos e incluso difícil encontrar recambios. O la obsolescencia por advertencia anticipada, es decir, alertar sistemáticamente al consumidor que necesita cambiar algún componente o el producto mismo, sin tener en cuenta su estado real. De esta forma, productos que aún funcionan se desechan sin más.

No obstante, la obsolescencia parece inevitable en el sistema capitalista, que se basa en un mercado liberal (poco o nada regulado) donde empresas y autónomos buscan obtener algún que otro beneficio. Ya que el producto obsolescente obliga al consumidor a repararlo al poco de tenerlo o adquirir uno de nuevo, y así mantener el sistema de compraventa en un mercado que tiende a sobredimensionarse respecto las necesidades reales.

Es fácil pensar que este sistema crea lugares de trabajo, ya que si un producto se estropea alguien deberá hacer uno de nuevo. Pero, debido a la deslocalización industrial y a la progresiva tecnificación del proceso productivo, en la actualidad no es del todo así. Esto se puede observar fácilmente en todos los sectores de la industria, desde el agroalimentario al manufacturero. En EEUU, la agricultura pasó de contratar el 70% de la población en 1870 a solo el 3% en 2008, a pesar de quintuplicar su área conreada de 76 millones de hectáreas en 1870 a 411 millones en 2004; según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Del mismo modo, las manufacturas, incluso las de economías emergentes —donde los salarios de los trabajadores son relativamente bajos— han ido sustituyendo mano de obra humana por robótica; como es el caso de Foxconn (el mayor fabricante mundial de componentes electrónicos).

Aunque cabe remarcar que la obsolescencia puede incentivar el progreso, ya que asegura un mercado futuro donde se podrán vender nuevos productos y, por lo tanto, recuperar la inversión de su desarrollo. Así, el consumidor puede disfrutar de nuevos servicios y comodidades, aunque la vida de los productos sea corta. Pero esta práctica deriva en que el consumidor no sólo desea la estética y las funcionalidades del nuevo producto, sino que se ve forzado a consumirlo.

En los últimos años la tendencia ha sido apostar por el desarrollo de productos, si estos lo permitían, energéticamente más eficientes. En gran parte, debido a la cada vez más evidente escasez de recursos naturales que sufren todas las economías basadas en el crecimiento. Pero, a pesar que hayamos avanzado hacia la sostenibilidad, aún se gastan grandes cantidades de recursos en reponer todos aquellos productos que son desechados y en abastecer los procesos de obtención y fabricación. La OP es un actor más de este ciclo abierto que acarrea tantos residuos y tiene un elevado impacto medioambiental.

Queda preguntarnos ¿Hacia qué mundo nos dirigimos?


1o «Obsolescencia Planificada»
2Sistema de producción en cadena ideado por Henry Ford (fabricante de automóviles estadounidense) que permitió rentabilizar la producción y así hacer asequible el producto para un mercado de masas.
3En su libro “Ending depression through planned obsolescence” (Poner fin a la gran depresión mediante la obslescencia programada).